sábado, 2 de diciembre de 2006

BERLÍN EN SARAJEVO


postal antigua de Sarajevo


Fuente: el diario serbio “Politika” , Belgrado
http://www.politika.co.yu

2/12/2006

Enfoque
BERLÍN EN SARAJEVO
La cadena perpetua para general Galić

El Tribunal de la Haya condenó al general del Ejército de la República Srpska Stanislav Galić a cadena perpetua por ataques de artillería y disparos de francotiradores en Sarajevo durante el período comprendido entre 1992 y 1994. La condena reafirma que el general Galić como comandante del cuerpo de Sarajevo-Romanija VRS, “es culpable por actos de violencia con el fin de infundir el terror en los habitantes, que esa campaña él mismo ordenó y era consciente de las consecuencias”. A general Galiću le inculpan de lanzar la granada al mercado de Markale (Sarajevo) aunque el Tribunal se dio cuenta que “pruebas sobre ese incidente son complejos y declaraciones de los expertos son diferentes”...

Grbavica, junio de 1994
Vrace es un mirador precioso desde donde se ve Sarajevo en la valle, Vrace está en el camino entre Pale y Grbavica, aquí gente vive casi con normalidad. Eso lo dicen con una sonrisa que delata algún complejo de culpabilidad, porque no tuvieron que huir de sus casas aunque las granadas caían sobre sus casas desde el centro de la ciudad.
Desde Vrace -esa urbanización a las afueras de Sarajevo- abajo todo parece estar en calma. Aplastado por el fuerte sol de junio, Sarajevo está como dormido en la valle. De vez en cuando algún tranvía rojo, coches a toda pastilla, los pocos transeúntes. Y las casas abiertas de par en par casi irreales no revelan las huellas de la vida - a sus habitantes. Desde Vrace se ve todo como en la palma de la mano el monte Hum justo en frente del repetidor de la televisión oficial de Sarajevo y las torres gemelas de Unis ennegrecidas del incendio, transparentes de las granadas. Bajo el sol de junio por la tarde todo es irreal, la paz sin los disparos y la ciudad sin el bullicio ciudadano. La escena cortada por una mano mágica del otro planeta y insertada allí en ese valle, que en un día claro y transparente parece estrecha, ridículamente estrecha para tantos combates y proyectiles lanzados.
¿Había empezado justo allí la guerra? ¿Había sido posible pararla o detenerla justo allí? Sarajevo es un símbolo para todos. Para serbio es la segunda ciudad más grande, para musulmanes el centro del estado y supervivencia, para croatas prueba que existen los urbanos croatas bosníacos. Para el resto del mundo en esa valle del río Miljacka es el sitio donde cíclicamente se suceden los acontecimientos mundiales. Empiezan las guerras y se caen los imperios.
En Grbavica hay primeros signos de una vida más intensa, otra vez abre la pizzería “Aleksandrija”, abren algunas tiendas, hay gente en las calles, niños en los parques. Ropa limpia y las alfombras se están secando en las ventanas, y el papel negro para aislar colgando entre las casas para impedir disparos de los francotiradores musulmanes que asechan desde los tejados del hotel Holidey Inn y las torres gemelas de Unis.
El puente de Fraternidad y Unión sobre Miljacka es un paso fronterizo entre la parte serbia y muslulmana de la ciudad de Sarajevo. La tricolor serbia en la asta, rótulo que pone el Municipio serbio del Nuevo Sarajevo, aduana, la comisaría de policía, bloques de hormigón, “los erizos de hierro”, alambre de púas, los marines franceses de la 9. División de la lnfantería, el UNPROFOR, el transporte acorazado...
Del otro lado del puente de Fraternidad y Unión los contenedores azules y puesto de control del ejército musulmán, la aduana y policía...
Cerca del checkpoint Charlie de Berlín de los tiempos de la guerra fría está el Alexanderplatz. Cerca de la frontera de Sarajevo se encuentra la pizzería “Aleksandrija”. ¿Se repite Berlín en Sarajevo? ¿Quién es aquí el Este y quién el Oeste? Porque el decorado es el mismo: los muros y los hormigones, contenedores y alambres de púas, la gente apesadumbrada que se arrastra de un lado para otro, a los jóvenes se les prohíbe eso. ¡Ay, sí, están también los militares extranjeros los rusos, los franceses, los ingleses, sólo faltan los norteamericanos para formar los cuatro aliados. Berlín era antaño un fuerte cuartel militar, al igual que Sarajevo ahora, donde en el centro de la ciudad el Gobierno de Alija Izetbegović tiene tres divisiones militares. Los guerreros urbanos que tienen prisiones privados y cementerios privados.
Grbavica, Dobrinja, Rajlovac, Ilidža, Vogošća, Lukavica, una parte de Nedžarići, son todos estos urbanizaciones de Sarajevo donde viven serbios. Les disparan los musulmanes desde el centro de la ciudad, y los serbios responden al fuego. ¿Qué clase de guerra es esa?
“De los francotiradores”, me contesta Zoran de Vrace, y añade “todos los días miramos mujeres como tienden la ropa en los balcones. A veces sale el marido, sabemos que lleva la boina verde, uniforme y una pistola. No se trata del odio, no te digo que todos los musulmanes con un arma son chicos malos. No puedo esperar que se pongan de mi parte, aunque todos teníamos muchos amigos musulmanes. Pero, así es la maldita guerra”. Disparan los francotiradores y caen granadas de un barrio a otro y viceversa. No es una guerra de los de una ciudad contra otra, sino la guerra de los hasta ayer vecinos, dentro de la misma ciudad.
¿Es el odio sólo la consecuencia o toda la catástrofe yugoslava; porque alguien decidió: “vosotros ya no sois yugoslavos” o “vosotros sois yugoslavos?”
Uno a uno, están en la mirilla del francotirador. Se le debería mirar a los ojos, en ellos se ve todo ese cuento sangriento de Sarajevo. De los ojos se escapó la juventud, son borrosos y vacíos, como si no tuvieran conexión con el resto de la cara, borrachos de la neblina de la supervivencia.
¿Es posible que los extranjeros entiendan eso?
Miroslav Lazanski